¿De qué va realmente el Día de Todos los Santos?
Básicamente, el 1 de noviembre es el gran día de los «santos anónimos». A lo largo del año, el calendario va celebrando a los santos famosos que todos conocemos (como San Francisco, Santa Teresa o San Patricio), pero obviamente el año no tiene suficientes días para toda la gente buena que ha existido en la historia.
Esta fiesta es para homenajear a todas esas personas que no tienen una estatua en una parroquia ni salen en los libros de historia, pero que ya están en el cielo. Es decir, ¡podría ser tu abuelo, aquella vecina que siempre cuidaba de todos, o cualquier persona normal y corriente que vivió haciendo el bien! El Papa Francisco suele llamarlos de una forma muy acertada: «los santos de la puerta de al lado».
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Un poquito de historia (sin aburrir)
Todo esto empezó hace muchísimos años en Roma. Allí hay un edificio espectacular llamado el Panteón (que antes era un templo pagano para varios dioses). Allá por el siglo VII, el Papa Bonifacio IV decidió transformarlo en una iglesia dedicada a la Virgen María y a todos los mártires cristianos. Más adelante, en el siglo IX, el Papa Gregorio IV movió la fiesta al 1 de noviembre y la hizo oficial para todo el mundo. La idea era genial: asegurarse de que nadie se quedara sin su merecido homenaje.
¿Por qué nos importa hoy?
El mensaje principal de este día no es mirar al cielo y pensar que esa gente era como un grupo de superhéroes inalcanzables. ¡Al contrario! Nos recuerda unas cuantas cosas muy prácticas:
- Todos estamos conectados: Es lo que la Iglesia llama la «comunión de los santos». Básicamente significa que los que ya están arriba y los que seguimos peleando por aquí abajo somos del mismo equipo, y nos podemos apoyar mutuamente.
- La santidad es para todos: No hace falta hacer milagros espectaculares ni levitar mientras rezas. Ser santo es, simplemente, intentar ser buena persona, querer a los demás, tener paciencia y hacer las cosas del día a día (tu trabajo, cuidar a tu familia) con cariño.
- Es una fiesta de esperanza: Es un día para recordar que hay mucha más gente buena de la que pensamos y que el objetivo final es reunirnos todos juntos al final del camino.
Aunque por estas fechas vayamos a los cementerios a recordar a los que ya no están, el 1 de noviembre no es un día triste. Es, literalmente, ¡la fiesta de la gente buena!
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